Nuestra historia
Más de 100 años de tradición en cada embutido
El origen de Can Mullol
Can Mullol nació en Ripoll en 1917 como una pequeña charcutería dedicada a la elaboración artesanal de embutidos de cerdo. Con más de un siglo de historia, seguimos manteniendo vivas las recetas y técnicas tradicionales de los Pirineos.
Francina Mullol: el espíritu emprendedor
Cuando Francesc Mullol enviudó, Francina, su hija, tomó las riendas del negocio familiar. Con su fuerza y visión, transformó Can Mullol en un referente de la charcutería catalana, a pesar de las dificultades de la época. Poco se hablaba de empoderamiento femenino, pero Francina fue un claro ejemplo de liderazgo, dejando un legado imborrable.
La tradición familiar continúa
La pasión de la familia Mullol por los embutidos artesanales ha pasado de generación en generación. Lluís Franquesa, hijo mayor de Francina, heredó la tradición y, junto a su esposa Maria Àngels, innovaron las recetas, conservando siempre los sabores auténticos de la región. Embutidos como el fuet, la longaniza o el «pà de fetge» son el fruto de su dedicación.
Nuestra herencia, nuestro orgullo
Hoy, Can Mullol sigue siendo un símbolo de tradición y calidad. Lluís Franquesa, el actual propietario, continúa manteniendo viva la esencia de la marca junto a su hijo, asegurando que las futuras generaciones sigan disfrutando de los auténticos embutidos artesanales catalanes. “Estoy muy orgulloso de que mi hijo mantenga viva una herencia centenaria”, afirma con orgullo.
Compromiso con la calidad artesanal
En Can Mullol, creemos en los métodos tradicionales de elaboración. Nuestros embutidos son el resultado de un proceso artesanal que conserva los sabores auténticos de nuestra tierra. Seguimos apostando por la calidad, porque solo así podemos ofrecer lo mejor a nuestros clientes.